El esfuerzo

El esfuerzo

El esfuerzo ¿es garantía de éxito?

A los que ya somos del siglo pasado, por fecha de nacimiento, no necesariamente por mentalidad, nuestros padres nos educaron en el valor del esfuerzo. Si te esfuerzas lo conseguirás; para tener éxito en la vida hay que esforzarse. Seguro que lo hemos escuchado muchas veces. Es cierto que la medida del éxito no es la misma para unos que para otros y que algunos, a pesar de los logros alcanzados, es probable que no consideren que hayan conseguido lo pretendido.

Aun así, se entendía que nada se regalaba y que había que luchar para conseguirlo. No parece tan claro que hoy día estemos en la misma línea. Por un lado tenemos todas esas corrientes del positivismo mal entendido que predican que con ser feliz ya no necesitamos nada más y que hay que serlo a costa de lo que sea, las que apelan al universo para conseguir lo que se quiere porque dicen que con desearlo convencidos, lo que sea, vendrá solo, y la cruda realidad, la situación social y económica por la que atravesamos que hace que pongamos en duda cada día esa relación entre esfuerzo y resultado.

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Razonamiento o excusa

Razonamiento o excusa

Cuántas veces nos encontramos al cabo del día dando explicaciones y elaborando razonamientos complejos sobre lo que teníamos que hacer y no hicimos, lo que debimos decir y no dijimos o lo que se esperaba de nosotros y no llegó a concretarse. Las justificaciones y razonamientos son habituales en nuestro discurso, tanto que ni siquiera nos damos cuenta de que lo hacemos hasta que escuchamos aquello de “no me pongas excusas”.

Una excusa es, por definición, un motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión (RAE). Cuando no cumplimos los compromisos o aplazamos una acción, habitualmente, generamos cierto nivel de ansiedad, nuestro pensamiento nos lleva repetidamente al recuerdo de lo pendiente y nos vemos impelidos a eliminar la tensión y el malestar que esta situación nos genera ¿Qué hacemos, entonces? Buscar alguna justificación que nos permita recuperar el equilibrio psíquico perdido.

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¿Qué nos aportan las críticas?

¿Qué nos aportan las críticas?

Si nos preguntan qué nos aportan las críticas y queremos dar una respuesta socialmente deseable, es muy probable que digamos que nos ayudan a mejorar, que nos hacen reflexionar o algo similar. Lo cierto es que no nos gustan las críticas. Cuando alguien analiza nuestros pensamientos o nuestros actos para después hacer comentarios en contra de ellos, solemos sentir desagrado y malestar.

Aunque hablamos de críticas constructivas y destructivas, lo cierto es que pocas veces nos ayudan a construir nada. Unas veces  porque, fruto de su propia torpeza, el que la formula lo hace convirtiendo el error o el descuido en un ataque personal y otras porque el que critica no es torpe, sino malvado, y su intención es desahogarse o hacer daño más que ayudar a corregir errores.

La crítica, si realmente pretende ser constructiva, debe cumplir dos requisitos fundamentales: centrarse en las conductas sin atacar la integridad personal y aportar soluciones concretas que realmente orienten dicha conducta hacia la posibilidad de mejorar.

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La necesidad de controlarlo todo

La necesidad de controlarlo todo

La necesidad de ejercer control  es una característica bastante acentuada en muchas personas que conocemos. Algunas, incluso, se reconocen o se definen como controladoras y, curiosamente, son capaces de ejercer ese control sobre las cosas y sobre otras personas pero rara vez sobre sí mismas. Llevan a gala el que nada se les escape y el que los demás hagan las cosas a su manera, por otro lado, la única correcta.

El controlador sólo se siente seguro cuando las cosas suceden según lo planificado lo que, en realidad, sucede sólo en algunos ámbitos de su vida y sólo algunas veces, como en el plano laboral cuando la situación permite hacer previsiones sobre variables muy conocidas o en el personal cuando la mayoría de los que le rodean se ciñen a sus condiciones por no soportar sus reacciones ante la contrariedad. En el plano de las relaciones sociales, en general, el controlador no suele desenvolverse bien a pesar de las apariencias.

Las personas controladoras suelen ser, a la vez, muy inseguras. Su falta de flexibilidad y su incapacidad para reaccionar ante lo imprevisto les genera la necesidad de moverse sobre seguro y se obligan a mantener el control como una forma de eliminar la tensión que les produce la posibilidad de dejarse ir.

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Los valores en la organización.

Los valores en la organización.

Foto: Carmen Ariza
 

Blogs El Correo Gallego. La Caja Sináptica

Cuando, en la formación empresarial, se menciona el tema de los valores, la primera reacción de los asistentes suele ser de sorpresa que se incrementa cuando les haces ver la enorme influencia que tienen en la conducta en general y en el comportamiento organizacional en particular. Aunque es innegable que en los últimos tiempos, sobre todo, las grandes corporaciones se han llenado la boca o, en su caso,  la tecla y la web,  de explicaciones sobre su misión, su visión y, como no, sus valores, parece que el término no ha llegado a calar, o al menos no se ha interiorizado lo suficiente, como para que cuando se menciona ante personas que pertenecen a la organización no suene a novedad o resulte sorprendente.

Estamos demasiado acostumbrados a racionalizar, a ver o a palpar y cuando se nos presentan conceptos difíciles de asir como la equidad, la excelencia o la integridad, parece que nos exigen un plus de reflexión que no es necesario cuando alguien nos dice que su objetivo es vender refrescos, electricidad o alimentos infantiles. Lo cierto es que cuando se hace esa reflexión es fácil encontrar ciertas contradicciones entre lo explicitado como valores de la empresa y lo que se percibe en el día a día y algunas discrepancias entre los valores propios y los que mantiene la organización, sobre todo, por la vía de los hechos.

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¿Antes no se estresaba la gente?

¿Antes no se estresaba la gente?

Foto: Carmen Ariza

Blogs El Correo Gallego. La Caja sináptica

Cuántas veces habremos escuchado cosas del tipo ˂antes, la gente no se estresaba˃. Parece que, si eso es cierto, antes, que no se sabe muy bien cuándo es eso, la gente, que tampoco sabemos qué gente es, ni dónde vivía ni en que trabajaba, como poco, llevaba una vida más tranquila. Parece, entonces, que vivir en la Edad Media o en los tiempos en los que tener esclavos se consideraba normal, o en los que estabas esperando a que Atila y sus huestes llegaran a saquear tu pueblo, era vivir mejor que ahora y sin estrés.

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Cómo afrontar el desempleo.

Cómo afrontar el desempleo.

Galicia Digital

La situación de las personas que pierden su empleo es un tema recurrente en diferentes foros desde que empezó ese tsunami en la economía, en las empresas y en los trabajadores que todos conocemos como “la crisis”. Más allá de lo que hemos oído y leído hasta la saciedad sobre la pérdida de confianza en uno mismo, la baja autoestima o la necesidad de buscar apoyos en el entorno social, la situación de desempleo no presenta esa uniformidad de libro de recetas que se describe a menudo cuando se reparten consejos sobre cómo afrontar tal situación.

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