Reinventarse

Reinventarse

Uno de los términos de moda es la reinvención. El reinventarse, el empezar de nuevo después de una trayectoria profesional, parece el mandato obligado de los tiempos que vivimos. La famosa crisis, que es difícil determinar si ha pasado o no, ha obligado a que muchas personas, que daban por establecida su vida hasta la jubilación, hayan tenido que plantearse tomar un camino diferente.

Reinventarse supone pararse a pensar qué habilidades tengo, qué conocimientos  o, sencillamente, qué sé hacer o qué puedo aprender que me permita seguir adelante cuando las expectativas que tenía se han visto frustradas.

La reinvención no solo afecta al ámbito del trabajo. Las relaciones que se terminan, los cambios sociales, la publicidad que nos presiona para dar más de nosotros mismos y cualquier otro factor que produzca un efecto similar, nos impulsa a hacer cambios. A veces, los cambios son menores y solo nos llevan a experimentar cosas diferentes o a incorporar a nuestra rutina algunas conductas inéditas hasta entonces. Otras veces, los cambios son más radicales.

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¿Por qué nos quejamos en vez de actuar?

¿Por qué nos quejamos en vez de actuar?

A menudo, tenemos la sensación, y así lo expresamos, de que la vida de los demás es mucho más interesante que la nuestra. Parece que los otros salen más, viajan más o que su vida diaria está repleta de acontecimientos que nosotros nunca llegaremos a vivir. Lo cierto que es que para la mayoría de las personas el día a día consiste en repetir lo realizado el día anterior,  en un cúmulo de rutinas que configuran eso que llamamos la vida, que se ve sacudida de vez en cuando por un acontecimiento extraordinario, bueno o malo según la perspectiva de quien lo vive.

Lo cotidiano, por definición, es aquello que ocurre con frecuencia, lo habitual. La mayoría de nosotros nos levantamos más o menos a la misma hora porque las obligaciones nuestras o de los más cercanos nos lo imponen, realizamos casi las mismas acciones antes de salir de casa y una vez en la calle, salvo excepciones,  nos dirigimos al mismo sitio: el trabajo, el cole de los niños o volvemos al lugar de dónde hemos salido porque nuestra actividad está en casa.

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El fracaso.

El fracaso.

Fuente foto: www.morguefile.com

La Caja Sináptica. Blogs El Correo Gallego.

El fracaso en una actividad supone que no hemos cumplido los objetivos que pretendíamos al iniciarla. A menudo, cuando esto sucede, nos sentimos frustrados, abatidos e, incluso, podemos empezar a dudar de nosotros mismos.  ¿A qué se debe un fracaso? Puede que los objetivos no estuvieran bien definidos o que estos no fueran realistas, puede ser que  no hayamos  conseguido llevar a cabo las acciones necesarias  para alcanzar la meta o que no hayamos medido bien nuestras aptitudes, actitudes o fuerza para poder lograrlas.

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Si algo no te gusta ¡cámbialo!

Si algo no te gusta ¡cámbialo!

Si algo no te gusta ¡cámbialo! Si, ya sé que no es fácil, que no siempre es posible, que cuando llegaste ya funcionaba así… ¿Nada de lo que haces depende de ti?

Párate a pensar en todas las actividades que haces desde que te despiertas, fíjate en tus rutinas, en la manera en la que haces las cosas, incluso en los pensamientos que tienes cuando vas a iniciar una actividad. ¿Son del tipo “¡bah, otra vez al curre!”, “¡vaya mierda de trabajo!”, “un día más a aguantar a éste”…?

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Luchar contra el desánimo

Luchar contra el desánimo

En los últimos tiempos, conversar con las personas que nos encontramos en la calle o en el trabajo, por lo general, supone recibir una buena dosis de pesimismo y una ración abundante de quejas y desánimo.  Pocas veces alguien te dice que le va estupendamente o que se siente feliz con su vida aunque en su caso particular las cosas le vayan bien.

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